Lo que espero de mi, lo que esperas de ti

¿Os acordáis como éramos?

Years ago:

Recuerdo con mucha intensidad la Uni. En todos los aspectos. Creía ser la versión más invencible de mí mismo. Necesitaba a la gente, hablar con ellos y estar en todos los meollos. Estar, explorar, sentirme dentro, ser valorado, pero también valorar. Nos vimos tan todopoderosos que hasta nos permitíamos ser jueces.

Juzgar cada cosa que pasaba por delante de nuestros ojos era casi obligación y no soportábamos pasar tiempo solos. A mi horrorizaba la idea de separarme de mis amigos que en ese momento eran mi pilar más sólido. Tenían fe ciega en mí, o en lo que yo proyectaba.

Cuando hablo de nuestra generación (millenials) mucho se me “hincha el pesho palomo” y pocos defectos saco a la palestra, pero eso no implica que estemos exentos de ellos (te lleno un camión cisterna). Me encanta hablar de nuestra época “dorada”, que es cierto que lo fue, pero ahora siendo un poco más madurito (que no viejo) me apetece darle una vuelta más. No sé si cambiaria algo, porque nuestro camino entero ha determinado las personas que hoy somos y de la que yo al menos me enorgullezco. Es cierto que me habría gustado empezar antes. Igual pecamos (pequé) de vacíos creyendo estar rebosantes y la edad explicaría muchas cosas, pero no me vale.

Nos dimos mucha caña y cuando digo mucha, es que éramos demasiados ineptos sueltos. Fuimos tan exigentes con lo que nos rodeaba que probablemente tuvimos poco tiempo para darnos cuenta de lo idiotesco y ridículo de nuestra situación. Despreciamos potenciales amistades por egoísmos (y chuleábamos de tener mas valores que nadie y ser educados). No supimos entender el verdadero valor de mucho de lo que se nos ofrecía y de algún modo preferimos perderlo a enfrentarnos con compromiso, que también nos faltaba.

Nos cuesta ahora encajar bien los golpes (aquí uno), porque éramos nosotros quienes los dábamos. Nos negamos a pedir perdón con sinceridad, nos creímos intocables y con derecho a todo. Doy fe, pensábamos que así ganábamos mucho, aunque solo alimentásemos el ego y camufláramos el miedo. La realidad es que estábamos un poco muy verdes.

Nos negamos a conocer a otr@s por temor a que nos relacionasen con tal o con cual y que eso supusiera poner en entredicho nuestro no sé qué (Mierda todo). Prejuzgábamos a Don nadie precisamente por ser lo que era y su fachada no entraba por los ojos de los que nos garantizaban estatus y seguridad.

Salíamos de casa con el escudo, listos para la batalla y para beber (mucho), y así cada finde durante no sé cuántos años. Hemos sobrevivido, pero… (podríamos haber sido mucho más felices). No nos preocupamos por ser (nos revelamos contra nosotros) y enamorarnos de personas de verdad desde temprana edad y creo que eso también ha sido un fallo de nuestra generación. 

Me acuerdo de las personas que alguna vez me soltaron la encantadora frase de “has cambiado, ya no eres el mismo o eso es impropio de ti” (Cuando todo se basa en la aprobación de los demás, eso duele). Todo lo que un día me revolvió o trastornó se quedó en mi memoria. Esta fue la primera vez que alguien intentó manipularme y dominarme descaradamente en busca solo de su propio beneficio (y siempre hay más). No me sorprende que, sin darme cuenta, haya prescindido de sus compañías (no los maté, solo se fueron).

Y me hace gracia todo esto porque ahora me encuentro con antiguos compañeros o colegas y nuestra mirada dice algo extraño, nuestra sensación es violenta (Es pereza mutua de coincidir con eso personita con la que tratamos algo a los 16). Nuestras caras son prejuicios, son deseos de expresar, -olvídate de mí yo de antes, soy una nueva persona-, son recuerdos frustrados. Nos recordamos a la hostilidad que en su momento nos obligamos a sentir y hasta mantener el contacto visual se hace duro, porque ahora nos avergonzamos, pero es solo eso.

Si nos damos cuenta, en nuestra adolescencia estábamos condenados a tener un grupo de amigos de la infancia. Si por casualidad sentías la ambición de ser amigo de más personas fuera de ese entorno, debías estar preparado para ser llamado traidor o desertor (situación de gravedad máxima). Hoy ha cambiado tanto el panorama, que no solo tenemos varios grupos, sino que cada uno es más raro que el otro -incluso alguno se atreve con su grupi LGTBI- (Si alguien levantara la cabeza nos metían donde yo sé).

Sinceramente, a mi no me educaron para ser como en su día me comporté, a ti tampoco. Pero si es probable que fuese lo que vimos o fuese nuestra manera de afrontar el momento concreto de la historia en que nos tocó vivir (abundancia). Nos perjudicó y dimos más importancia a la fachada que a nuestro interior.

Había falta de amor propio -porque nos permitimos el lujo de desperdiciar algo que nos podría ayudar- y hacia los demás -porque muchas veces dentro de nuestra libertad nos tomamos la licencia de dañar a las personas-. En resumen, poco amor hacia cualquier cosa. Poca empatía y mucho egocentrismo. Normal que tampoco quisiéramos pasar tiempo a solas con nosotros.

Pero hoy:

Hoy nos conocemos más, no hemos podido soportar ese insano ritmo y la mayoría hemos caído en las redes del amor.

Seguimos queriendo salir tanto o más que antes, pero los motivos han cambiado. Nos apetece conocer, que nos conozcan, estamos orgullosos de ser como somos. Por que ya no salimos para impresionar a nadie. Salimos para conectar. Para sentirnos bien y para hacer sentir igual (aunque sigue habiendo mucha hiena encubierta). Hemos aprendido a disfrutar de verdad y lo hemos hecho muy rápido, probablemente mejor que cualquiera y eso nos convierte en mejores personas. Hemos sufrido el mal en nuestra propia piel y no hay mejor forma de derrotarlo que así, desde dentro. La enseñanza de vivir algo supera a oír la historia, siempre.

Pero ahora pienso más ¿Qué pasa entonces con aquellos a quienes nos negamos a conocer en el pasado? ¿Se rechazó en su día y ya está? Nos seguimos resistiendo. Pero nos gustaría ver cómo sería haber conocido de verdad a es@s que en su día no valoramos. Seguimos siendo poco valientes en este aspecto, seguimos privándonos de cosas buenas. Sigue habiendo poco amor propio.

Creo que somos más los que hoy lo vivimos así que al contrario. Muchos desearíamos retomar las amistades y no sabemos ni por dónde empezar y creo que dejamos muchas tareas pendientes (estamos incompletos) que por comodidad apartamos a un lado. Y cuesta dar el paso, solo porque una vez nos hicieron sentir inseguros, vulnerables e infravalorados.

Pero ¿Quién dice que esto seguirá siendo así, qué parte de nosotros quiere que esto siga sin funcionar? Es cierto que nos alejamos por salud, y, sin embargo, ahí está nuestra memoria, recordándonos cada día que, si en ese momento no pudimos hacerlo bien, seguimos sin hacerlo. ¿será sano vivir con esa espinita entonces?

Al mismo tiempo es absurdo que alguien quiera ser recordado de ese modo, tan malamente (tra tra).

Me gustaría volver, me gustaría empezar.

Así que en el futuro:

Estaría bien tener la voluntad y las ganas de hacer retrospectiva y reflexionar sobre lo que somos, en lo que queremos y en lo que no queremos convertirnos (Si alguna vez tengo hijos, espero que me recuerden esto cada día). El hecho cierto es que vamos a envejecer y me da una pereza terrible convertirme en un viejales que viva en el siglo pasado, que rechaza el presente.

Esto de ser más exigentes con nosotros mismos no estaría nada mal. Nos ayudaría a fijarnos menos en los defectos de los demás. Dejaríamos de presumir, dejaríamos de mostrar nuestras carencias.

Que conste que mis recuerdos son supercalifragilísticos y superan a los malos siempre, pero me he dado cuenta de que me gusta cambiar y mejorar (la esencia intacta eh), aunque eso suponga ser visto de muchas maneras por ojos distintos a los míos. ¿No os aburrís de ser tan pesadamente vosotros todo el tiempo?

Hasta donde yo sé, nadie me va a poner una medalla en la tumba por orgulloso o por terco. Posicionarme incondicionalmente, significa para mí, no poder dar más de uno mismo, estancarse. No espero eso de mí, ni de mi pareja ni de todos los que afortunadamente me acompañan en la vida. ¡A cambiar mucho y bien!

En días como hoy solo deseo para los que me quieren lo mismo que para mí. Que cambien, que quieran estar a la altura de lo que les toca vivir e incluso por delante, que aprecien a cada persona que se esfuerce y siga contando con ellos y que vivan cada etapa de sus vidas con el compromiso que merece.

Volverte un romántico de la posibilidad de construir algo mejor solo debería traer alegrías y empezar haciendo “tu propio mundo” mejor sería una buena forma de empezar. Así que solo las excusas podrán pararte.

Alguna vez te sentirás ridículo, otras chaquetero o que harás cosas impropias de ti mismo, pero lo cierto es que serás lo que quieras ser y serás tú siendo libre. El ejemplo, el empujón que muchos necesitan para dar el cambio. Serás la confianza y la atraerás. Serás la envidia y serás imitado.

Por todos los que se levantan cada día pensando que esta es su época dorada.

2 comentarios sobre “Lo que espero de mi, lo que esperas de ti

  1. La vida universitaria es sin duda el primero de los cambios a los que nos enfrentamos. Hay quien sale de casa por primera vez y marcha a otra ciudad o hay quien estudia en la misma ciudad en la que vive, pero lo que si está claro es que las palabras que acompañan a este momento son: cambio y adaptación.

    Quizás no fuésemos lo suficientes maduros como para que el efecto rebaño no nos afecte en la toma de nuestras propias decisiones, quizás actuáramos de manera que hoy no lo haríamos pero sin embargo lo hacíamos. ¿Por qué? Probablemente por nuestro afán por sobrevivir para seguir siendo los gallos del corral (o al menos amigo de estos).

    Al leer tu reflexión, Pat, veo como con la madurez y la experiencia de la vida, en mi caso, y veo que en el tuyo también, todo esto ha hecho que cambie las cosas, sobretodo las relativas al conocer al de enfrente.

    Ahora disfrutamos simplemente con conocer. A mi, me gustan las personas . DE TODO TIPO: guapos, feos, listos, tontos, pobres, ricos, gitanos o payos.. pero sé que de todos ellos se aprenden, te ayudan y puedes ayudar.

    Eso es lo que hoy hace que tengamos nuestra íntegra personalidad, que no hagamos lo que el resto diga, si no que seamos nosotros mismos.

    Quizás en el pasado dejamos de conocer a gente que era “distinta” a nosotros, pero lo bueno es que hoy no tenemos esos prejuicios y podemos andar con quien queramos.

    Tener amigos en todos los sitios y de todo tipo es algo, que con el tiempo es envidiable y admirable.

    ABRAZO.
    CCB

    Me gusta

Deja un comentario