
¿Creéis que nos hemos acomodado un poco a los falsos placeres de la gran ciudad?
La primera definición oficial que leo sobre “fuga de cerebros” en Google dice así: Emigración al extranjero de personas destacadas en asuntos científicos, culturales o técnicos, para ejercer allí su profesión, en detrimento de los intereses y las necesidades culturales de su país. Pues bien, yo no estoy del todo de acuerdo. Dentro de nuestro país también hay fuga de cerebros. Soy de Jerez y desde los 18 solo veo a mis amigos en Navidad y contadas ocasiones. Todos, absolutamente todos vivimos fuera.
Esto nos ha beneficiado muchos años, pero también jodido y como una enfermedad sin cura la hemos aceptado sin invertir en soluciones. Total, los políticos se encargarán ¡JÁ! Desde que cumplí la mayoría de edad mi ciudad se ha ido hundiendo año tras año.
Nos hemos adaptado bien a esta desgracia, pero hemos dejado vacíos de talento a cientos de ciudades y pueblos y es que esto está diseñado de un modo en que, si tienes aspiraciones “Go for it”, eso sí, vete a Madrid o semejantes y prepárate para perder pelo. Para muchos suena estimulante – mi extraño caso -, pero para otros es simplemente un “no me queda otra” como una casa de grande. Así que, salimos pitando de un sitio carente de todo tipo de oportunidad e interés por nosotros, con nuestra juventud y nuestra ambición a cuestas, hacia una gran ciudad que nos promete trabajo, estabilidad económica y por qué no éxitos.
No sé vosotros, pero yo creo que todo esto se ha visto muy cuestionado últimamente, creo que aquí hay una oportunidad para los que no quieren vivir lejos de su casa. Me explico:
El otro día me comentaba un amigo que cada vez más gente quiere volver de la capital. – están un poco quemados de estar lejos de casa me decía-. Yo, por otro lado, también oí a una chica decir que, trabajando a kilómetros de distancia, finalmente se ha instalado en su tierra ya que su empresa ha decidido que puede trabajar desde cualquier lugar y ella ha trabajado muy duro para demostrarlo. Yo no sé si estoy contemplando un cambio o simplemente me ciegan las ganas de verlo, el caso es que locuras más grandes se han pensado.
A pesar de un año de “mierda”, con problemas cervicales – porque no compraste mobiliario de oficina cuando te mandaron a teletrabajar a casa-, alguna que otra dioptría de más por la gameboy que tu empresa te dio para trabajar, sumándole el shock convivencial con dinosaurios -papa y mamá, si me estáis leyendo, os quiero- y el deterioro dental por motivos que el alcohol o el tabaco conocen, parece ser que ahora podemos triunfar profesionalmente sin renunciar a nuestra familia.
Si has superado esto, por favor relájate y atiende a lo importante. Hay novedades y habrá más en nuestras vidas. Todos hemos cambiado y aprendido algo estos meses, pero aún no es momento de ver los resultados ni si quiera de aplicar lo aprendido – Porque sí, ser poco pacientes también fue uno de los motivos por los que huimos de la nostra terra-.
Para más Inri, la vuelta a casa estos meses parecía tan definitiva que obligó a disfrutar “de lo que había”, y lo que había es lo que disfrutamos, incluso los que renegaron alguna vez del pueblo. Volvimos a conectar con nuestras raíces (Con nuestra infancia si me apuras) y nos dejamos llevar. Joder, habíamos olvidado lo felices que esto nos hizo una vez. Yo no les culpo, mi hogar es un tesoro al que todos vienen a disfrutar y no lo digo yo, ¡lo dice hasta el New York Times!
El exceso de amor por mi hogar y de empatía -me acabo de echar una flor- me indujo a imaginarme a muchos preguntándose a sí mismos cual será la maldita fórmula de vuelta a casa sin morir de hambre en el intento o sin que mamá les llene el buche. Ya me gustaría a mí ser la solución.
Algo claro nos ha dejado esta experiencia. Desde casa con tu laptop o desde Pekín, pocos muros que se resisten a la tecnología. Estas buenas nuevas nos han mostrado la posibilidad de hacer las cosas de otro modo, a buscar alternativas. Igual ahora vivir donde quieres es más viable que nunca, igual ya hemos aprendido que el triunfo no está garantizado ni aquí ni allá o que encontrarnos a nosotros mismos no significa huir de casa muy lejos.
¿Quiénes serán los primeros valientes en probar a volver? Como a todo habrá que echarle h*****.
Ojalá la fuga de cerebros se convierta algún día en una elección y no una necesidad.